El árbol de la Patrona

Víctor García Rayo ofrece su mano a Asenjo / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

Manuel Jesús Rodríguez Rechi

Memorable solo puede calificarse el pregón de las glorias, ejercido por el gran periodista y mejor persona, Víctor García Rayo, el pasado fin de semana en la Santa Iglesia Catedral.

Un pregón dedicado al Arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, apareciendo muchas personas en el texto, cosa que rara vez suele darse. Se acordó de su familia, de los Hermanas de la Cruz y muchos cofrades.

El aplauso más prolongado vino por la petición de la no retirada de los crucifijos de las escuelas, mantener las capillas y hospitales, cuyos nombre vienen dados por la fé.

Aquí os queremos dejar las palabras que le dedicó a nuestra Santísima Virgen, acordándose de tantas personas de nuestra Hermandad y del mundo del costal, a través del árbol situado en la calle San Jacinto.

Costalero, Monseñor. Yo he sido costalero de las Glorias de Sevilla. Y pos eso
la boca me sabe a sangre cuando en octubre sale la patrona. Que sepa Sevilla
lo que Fernando Aguado tiene en el corazón. Mirad el cartel de las glorias.

Hacedlo con el alma. Encontraréis a un loco enamorado, a un hombre cuya
hermana le corre por las venas, a un costalero de Sevilla, a un hombre grande
y noble. A él, Monseñor, a Fernando, quiero contarle una historia que usted
también desconoce. Por eso les llevo ahora a la Iglesia de San jacinto, justo en
la esquina con Pagés del Corro. Allí, en la esquina del semáforo, hay un árbol
gigante, poderoso, tan grande que se eleva sobre Triana para mirar a esta
Catedral en la que nos encontramos. Ese árbol tiene una historia muy hermosa,
verdadera. Colóquese en esa esquina entre San Jacinto y Pagés del Corro,
debajo del árbol grande. Hazlo tú, también, Fernando. Y os cuento la verdad.

Hay un árbol en Triana
que es de aspecto centenario.
Unos dicen que es un Ficus,
otros que es árbol de caucho,
otros le buscan el nombre
y otros dicen que es canario.
El árbol lo plantó Triana,
un mes de junio de antaño,
que le faltaba la sombra
a su Madre del Rosario.
Hay un árbol en Triana
que es de aspecto centenario.
Unos dicen que es morera,
otros que no es para tanto,
hay quien teme a sus raíces
que levantan el asfalto.
El árbol lo plantó Triana,
un mes de junio de antaño,
que le faltaba la sombra
a su Madre del Rosario.
Por eso la copa es tan alta,
por esos sus brazos son largos.
Porque en las ramas crecieron

sagas de ilustres mandando.
Hay una rama de Ariza,
rn otra los Díaz Palacios,
los Villanueva se asoman,
Rechi en la copa del árbol.
Hay ramas de los Santiago,
hojas que son de los Franco
y puñados de canela y clavo
que riega Alberto Gallardo.
Hay ramas de los Garduño,
y hay flores de los Ceballos,
que sueltan las riendas del tronco
y que camine el caballo.
Hay ramas de los Gallego,
los Hierro están a su lado,
y Jesús Basterra llora
en otra esquina del árbol.
Hay una rama que cruje
y Perales sufre tanto,
que en las Aguas de Sevilla
se lo llevaron llorando.
Están los locos de Amor,
por eso está Rojas Marcos.
Está Rodríguez Quirós
y en otra rama, Zambrano.
El penitente en el tronco
y los Núñez asomados.
Luis león tiene dos ramas:
Veracruz y la del Arco.
Manolo Vizcaya y su padre,

Pepe Luna, allá en lo alto.
Y Ollero tiene Amargura
y quiere Silencio Blanco.
La rama de Paco Reguera,
y Carlos Yruela en Santiago.
Pepe Candela y Guillén
y Emilio Moreno agarrado.
Vallejo y Ricardo López,
y Julián Huertas al tallo.
En esa rama, Falcón,
Juanma en el nudo gitano.
Carlos Morán y Rufino
en otra rama sentados.
Ismael Vargas se queda
con el Cachorro, en lo alto.
Y en la copa refugiado
Antonio Laguillo, Pasión,
pinta de plata la sombra
con el martillo soñado.
Y está, Antonio de León,
la rama maestra de Dios,
que siempre manda callado.
Y Loreto rompe el tronco
en una rama que es arco.
Y Juanma López ronea
y se mecen los espacios.
La hojarasca es para Márquez,
también están los Hijón.
Los Pagés, la Soledad,
Y los Gómez, qué dolor.

Por eso el árbol es grande.
Porque en Triana es sagrado.
Y nunca tuvo moreras,
ni vino en barco canario.
El árbol lo puso Triana,
un mes de junio de antaño.
Que le faltaba la sombra
¡A Madre de Dios del Rosario!

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